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La Tolerancia – Valor a Rescatar

Por: Ivelisse Agostini
editorial@placerespr.com
 

Todos los valores morales son importantes y cada uno se convierte en prioritario, dependiendo de las circunstancias a las que cada individuo se enfrenta para ponerlos en práctica. Tenerlos presente y actuar de acuerdo con sus principios es lo que puede facilitar que seamos mejores personas, familia, sociedad, país y mundo.

En estos tiempos en que nada de lo que antes fue parece ser y se están suscitando tantos cambios económicos, sociales y ultimadamente políticos, la tolerancia se presenta como un valor que tenemos que abrazar.

Se hace imperativo que recordemos que todos podemos diferir, con respeto. Se hace imperativo que mejor que burlones, seamos tolerantes; que mejor que crueles, seamos compasivos.

Por su definición, la tolerancia es el respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás. Con origen en el latín “tolerare”, significa, a su vez, “soportar”.  De esto último, nos parece importante destacar que ser tolerante no es ser relativista y aceptar como bueno “todo lo que ocurre bajo el sol”. Por el contrario, es tolerante quien a pesar de que entiende sus ideas y comportamiento como correctos, es capaz de respetar las ideas y comportamientos de otros sin burlas, insultos, ni violencia.

La relación entre la intolerancia es clara: a mayores prejuicios, mayor intolerancia y hay quien puede manifestar cierto grado de tolerancia hacia lo que le es conveniente en un momento dado, y ser absolutamente contrario a la hora en que es necesario y determinante para el bien común.

No puedo olvidar una de mis maestras de sociales en la universidad, de origen peruano, que repetía hasta el cansancio que el fanatismo está muy liado con los trastornos del estado de ánimo y de eso, algo estamos viendo, desde las vertientes extremas. La falta de tolerancia lleva a la manifestación de la violencia, una que no se limita a las armas, pero que cuando es verbal, aunque a veces graciosa, siempre es despiadada y cruel y puede tener consecuencias desastrosas.

En tiempos en que Jesucristo predicaba, según narran las Escrituras, se decía de El: “Este hombre recibe con gusto a pecadores, y come con ellos” (Lucas 15:2). “Jesús era amable, paciente y tolerante; no juzgaba a la gente sino que quería ayudarla a conocer a Dios. Todo lo que hacía, lo hacía porque amaba a las personas” (Juan 3:17; 13:34).

Lo anterior habla de que en aquellas ocasiones en que nos encontremos en situaciones en que diferimos, será facilitar el conocimiento o la información correcta, lo que proveerá un punto de encuentro.

Una santa de nuestros tiempos, Madre Teresa de Calcuta, dejó una vida llena de ejemplos de tolerancia y un sinnúmero de frases célebres, pero hoy les regalamos la siguiente, que no es otra cosa que un buen consejo de vida: “Que aprendan que no es bueno compararse con los demás; pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos. Que rico, no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Que aprendan que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán”.

De otra parte, en el budismo, se aclara que ser tolerante no es ser tonto, porque el tonto no tiene intención de perdón, pero aclara que desde su enfoque en la reflexión, cuando se sienta golpeado, no se debe devolver una injuria, sino que se actúa con compasión. En palabras del Dalai Lama: “La base de la armonía religiosa, es el respeto recíproco”.

Al final, una de las mejores descripciones sobre el tema la dio Jorge Luis Borges, cuando habló sobre la tolerancia del budismo, estableciendo que ésta no es una debilidad, sino una disciplina que el hombre se impone.

Y nos quedamos con lo dicho por el poeta, la tolerancia es una disciplina, que como todo valor moral, se debe cultivar para lograr la paz y el bienestar de la humanidad.


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